Seis tendencias que marcarán la alimentación en 2026

Por 13/05/2026Blog5 minutos de lectura
Seis claves para entender hacia dónde avanza la alimentación: más exigencia del consumidor, más peso del dato y una cadena agroalimentaria más resiliente, sostenible y conectada.

El Agri-Food Trends Report 2026, presentado en Granada en los Encuentros SER, dibuja un nuevo escenario para el sector agroalimentario.

La alimentación encara 2026 en un escenario de cambio. El consumidor compra de forma más racional, pero también exige más salud y bienestar. La marca de distribuidor gana peso y deja de explicarse solo por el precio. El dato se convierte en una herramienta necesaria para coordinar mejor la cadena. Y factores como la resiliencia, la sostenibilidad o el agua pasan a ocupar un lugar central en las decisiones del sector agroalimentario.

Estas son algunas de las principales conclusiones del Agri-Food Trends Report 2026, elaborado por INTEC en colaboración con ACENTO, y presentado en Granada en el marco de los Encuentros SER, con la participación de nuestro director general, Pablo de la Cruz

El informe recoge un contexto más exigente y menos previsible. La alimentación es producción, transformación y venta, pero también tiene la capacidad de anticipar cambios, interpretar al consumidor, coordinar información y responder a retos económicos, sociales, tecnológicos y ambientales.

Un consumidor entre el ahorro, el valor y la salud

El primer gran cambio está en el consumidor. La alimentación de 2026 estará marcada por una mayor conciencia sobre la salud y el bienestar, pero también por una fuerte presión sobre el gasto. La decisión de compra se vuelve más racional y combina tres variables: ahorro, valor y salud.

Los datos del informe muestran esa tensión. El 49% de los consumidores manifiesta preocupación por el sobrepeso, el 46,7% quiere consumir menos dulces y el 45,1% quiere reducir los ultraprocesados.

Esta evolución no significa que el precio deje de ser importante. Al contrario. El consumidor compara más, planifica mejor y busca propuestas que encajen en su presupuesto. Pero esa presión económica convive con una mayor exigencia sobre la calidad nutricional, la claridad de la información y los beneficios asociados a la salud.

En este contexto, ganan protagonismo los productos con mejor perfil nutricional, más proteína, más fibra, opciones funcionales y soluciones adaptadas a estilos de vida más diversos. La alimentación deja de estar vinculada únicamente al consumo cotidiano y se integra cada vez más en una lógica de bienestar, prevención y cuidado personal.

La marca de distribuidor atrae calidad y confianza

Otra de las tendencias destacadas es el avance de la marca de distribuidor, que se consolida como una palanca de valor, calidad, confianza e innovación.

El informe señala que alcanza el 38,7% de cuota en Europa y se sitúa en España en torno al 44%-45%. Además, en Europa Occidental representó el 44% de los lanzamientos de nuevos productos y casi el 70% en alimentación.

En paralelo, el dato gana peso como herramienta para coordinar mejor toda la cadena. Permite anticipar demanda, mejorar trazabilidad, reducir mermas y tomar mejores decisiones.

Cada eslabón genera señales útiles para el conjunto: qué se compra, cuándo se compra, cómo cambian las preferencias, dónde se producen ineficiencias y qué ajustes necesita la oferta. 

En 2026, la diferencia estará en convertir esa información en decisiones operativas que refuercen la calidad, la eficiencia y la respuesta al consumidor.

Resiliencia, sostenibilidad y agua

El informe también identifica tres factores que marcarán la competitividad del sector agroalimentario en 2026: la resiliencia, la sostenibilidad y la gestión del agua.

Las crisis recientes han mostrado los límites de las cadenas diseñadas solo para la máxima eficiencia. Por eso, el informe apunta al paso del just-in-time al just-in-case. Son modelos menos centrados en inventarios mínimos y más preparados para responder ante tensiones geopolíticas, riesgos climáticos, volatilidad de costes o disrupciones logísticas.

A este escenario se suma una sostenibilidad cada vez más operativa. Entre 2019 y 2024, la Unión Europea aprobó más de 40 normas vinculadas a sostenibilidad, clima, economía circular y ESG. Esto obliga a adaptar productos, procesos e inversiones, con especial impacto en envases, desperdicio alimentario, trazabilidad, reporting y medición de impactos.

El agua completa este bloque de retos. España presenta un índice de estrés hídrico superior al 30% y alrededor del 80% del consumo total de agua se destina al regadío agrícola. Sin embargo, el regadío representa cerca del 22% de la superficie agraria útil y genera más del 60% del valor de la producción vegetal.

La cadena agroalimentaria entra en una etapa en la que no bastará con ser eficiente. También tendrá que ser más flexible, más medible y más capaz de anticiparse a restricciones que ya forman parte del escenario habitual del sector. 

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